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tomas | 21/03/2010 | Visto: 2126

ACTITUD PREVIA A SUBIRSE A UNA MOTO

Describimos la mentalidad y la actitud previa que debemos tener y adoptar antes de comprar una moto y, después, cada vez que nos disponemos a subirnos en ella.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   Antes de subirnos a una moto, antes siquiera de pensar en comprarnos una, estamos obligados a dejar a un lado esa mentalidad ausente con la que viajamos en tren, en avión o, la más habitual, con la que conducimos un coche.

   Dentro del coche el viaje siempre es el mismo: Si hace frío, calefacción; si hace calor, aire acondicionado; si hace viento, apenas se percibe fuera algo más de ruido; si llueve, se pone en marcha el limpiaparabrisas, incluso de forma automática. Dentro del coche nos sentimos siempre igual independientemente de  lo que nos envuelva. Con la moto, en cambio, cada viaje es distinto, cada salida lleva consigo un planteamiento diferente y puede resultar en muchas ocasiones una auténtica aventura. Con la moto formamos parte de una simbiosis.
A lo largo de este texto haremos una alusión continua a varios conceptos imprescindibles para conducir una motocicleta con seguridad; conceptos que guardan la misma esencia contemplada desde distintos planos, y que en su conjunto apuntan al mismo fin, al control absoluto de la moto, al completo dominio de sus reacciones y de sus movimientos.

  1. La actitud anticipativa.  

  2. La mentalidad de lucha.

  3. El espíritu aguerrido.
 
  1. El motorista debe de tener prevista cada escena, una a una, que le va presentando la carretera. El motorista tiene que anticiparse siempre a todo lo que aparece frente a él, y, aunque conduzca con relajación, está obligado a mantener un estado de alerta subconsciente mucho más sensibilizado que el conductor de cualquier otro vehículo. Tenemos que ir a por los obstáculos a por cada elemento que nos presente la ruta en cada modo, las curvas, el relieve, los baches, los badenes… No podemos dejar que, simplemente, aparezcan y lleguen a nosotros: debemos de ir a por ellos. Aprovechando la ligera ventaja en altura que tenemos con respecto a los coches, tendremos que ir pendientes de qué ocurre por delante del vehículo que nos precede para que cuando llegue cualquier complicación, ya la tengamos prevista con el recurso correspondiente preparado para sortearla.
   El motorista debe de mantener siempre una actitud anticipativa porque él –y esto no debe de olvidarlo nunca- es el más vulnerable de todos.

   2. Precisamente por esa vulnerabilidad, el motorista no debe de replegarse nunca ante las adversidades. No puede abandonarse por puro temor a merced de su antojo. El motorista debe de concentrarse, unas veces más y otras no tanto, dependiendo de las circunstancias, en armar dentro de su cabeza una mentalidad, sólida y férrea, con la que hacer frente a las dificultades que le presenta la ruta. El motorista necesita forjar y curtir dentro de sí una correosa mentalidad de lucha.

   3. Por último, fruto de ese estado de alerta, de esa anticipación y, sobre todo, de esa mentalidad de lucha, el motorista debe de engendrar, y luego ir alimentando poco a poco un espíritu tenaz y combativo, que nunca doblegue ante la adversidad. El motorista debe llevar para siempre dentro de sí, como una impronta inconfundible, un marcado espíritu aguerrido.
 
 
   Tomás Pérez
   Director de la Escuela MPm