Hallándose la moto tendida en el suelo, caída, nos situamos frente al lado del manillar, depósito y asiento; nos giramos 180 grados para dar la espalda a estos tres elementos y flexionamos las piernas, tal como estamos, manteniendo la espalda vertical, hasta dejarlas completamente recogidas, en cuclillas. Una vez en esta posición, adoptamos la actitud del levantador de halterofilia y tomamos la moto por el puño inferior, con la rueda girada apuntando hacia el suelo, y por algún punto donde asirla por la parte trasera, bien por el asa del pasajero o bien por alguno de los tirantes que soportan el portabultos, si lo tuviera, o el top case. Colocados así, haremos fuerza, elevándonos sobre las piernas y, en el momento en el que las dos ruedas se apoyen sobre el suelo, también nos apoyaremos nosotros contra el asiento con la parte baja de los riñones o la más alta del trasero. Levantaremos de esta forma la moto, estirando las piernas y apoyándonos contra el asiento, pero en cuanto el peso de la moto y nuestro empuje comiencen a hacer verdadera presión sobre las ruedas, conviene apretar la maneta del freno y mantenerla así también cuando la moto alcance la posición vertical.