Este pasado domingo, 3 de junio, con un tiempo excelente, celebramos nuestros segundo curso práctico de 2012, con alumnos de toda la mitad norte de La Península.
Realmente hay que hacer un esfuerzo importante para eludir, nuevamente, a la climatología como protagonista de nuestros cursos, y casi diría de todas nuestras actividades cumplidas hasta la fecha en este 2012.
Hablemos del tiempo, pues, pero sólo con una nota inicial.
Las previsiones, después de unos días de calor sofocante, eran las más negras que podíamos tener –hablando siempre de la lluvia-, precisamente para el domingo por la mañana y la primera mitad de nuestra actividad en pista. Lo cierto es que empezó a llover sobre las diez de la noche del sábado y no dejó de hacerlo hasta las 5 de la madrugada; a partir de ese momento, ni una sola gota: una brisa agradable, que pienso no llegó a ser molesta, y una temperatura deliciosa que nos hizo sudar lo justo sobre la pista –al fin y al cabo, la moto, se mire por donde se mire, no deja de ser un deporte-.

Qué duda cabe de que esas predicciones hicieron mella en el ánimo de muchos motoristas que durante las semanas anteriores nos habían llamado y escrito mostrando un vivo interés por nuestros cursos en general, y por éste en particular. Un nutrido grupo de futuros alumnos que sin duda, y como esperábamos, hubieran rebosado la inscripción y que finalmente se echaron atrás ante tanto nubarrón dibujado sobre el mapa del circuito. Aun así, hasta Villaverde de Medina (Valladolid) llegaron motos desde distintos rincones repartidos por la mitad norte de la Península. Vinieron desde Asturias, desde León, desde Euskadi y también esta vez, incluso, desde Galicia, concretamente desde Ourense; aunque, por supuesto, no nos olvidamos del flujo habitual que, como nosotros mismos, llega desde Madrid.

En esta ocasión, dividimos los grupos en dos tandas para entrar en el trazado de FK1: veinte minutos en pista y veinte minutos recibiendo la particular teórica que impartía cada monitor a su correspondiente grupo. Una dinámica que no se detuvo hasta la hora de comer, momento en el que nos permitimos el lujo de ver la carrera de MotoGP, retransmitida desde Montmeló, mientras la paella, el segundo y el postre iban pasando por las mesas. Después, vuelta a la pista para recuperar el ritmo de las tandas, apartando del cuerpo y de la mente la tentación de dar una castellana cabezada a las sombra de los boxes. Así hasta las cinco y cuarto de la tarde, aproximadamente, momento en el que dieron inicio las tandas libres. La pista quedó cerrada a las siete, pero un cuarto de hora antes ya había salido de ella, hastiado de curvas, el último alumno. Esta vez, como en alguna otra ocasión en la que se dividimos el tiempo en tres partes, nadie se fue de vuelta con las ganas de seguir, porque la mayoría se marchó a casa con un verdadero hartón de moto y gestando en todos los músculos del cuerpo unas agujetas que les harán acordarse de nosotros 48 horas después.
Pensamos que todo salió a la perfección, incluyendo el nuevo ejercicio de la Frenada de Emergencia, que ya introdujimos en Kotarr, un recinto donde era mucho más fácil de ejecutar, y que finalmente hemos podido acoplar a la vallisoletana pista de FK1, resultando de lo más revelador para todos los alumnos. Desde ayer, ya saben, no ya cuánto es capaz de frenar su moto, sino en cuántos metros ellos son capaces de detenerla –en todos los casos muchos menos de los que imaginaban-; de esa manera, cualquier situación inesperada que antes se presentaba como un sobresalto con un riesgo a veces muy elevado ahora tan sólo les supondrá un avatar más del tráfico que podrán eludir con poco más que un gesto de sus reflejos.
Bien, pasamos página y encaramos ya la recta final hacia el próximo curso en el circuito de Albacete, una actividad esperada y ansiada por muchos, al tratarse del único curso de conducción deportiva y pilotaje que haremos este año. Será el día de San Fermín…, pero eso, como quién dijo, es otra historia.
Tomás Pérez.