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Tomas | | Visto: 2063

La alumna del curso: ¡4 días de carné!

La Grandeza de La Moto no sólo está en los campeones, en los esforzados del Dakar o en los expedicionarios que recorren el planeta; la Grandeza de La Moto se encuentra a veces en personas cotidianas que pasan inadvertidas sobre las motos más modestas





















Lunes 5 de marzo.

-Sí, dígame – y a continuación escucho una voz femenina con un claro grado de madurez que no acierto a tasar.

-¿Eres Tomás?

-Sí, yo mismo.

-Hola –un breve silencio describe su titubeo-… Pues te llamo desde Vitoria.

-Ah, estupendo. Cuéntame entonces.

Inmediatamente despunta una chispa de entusiasmo en su voz.

-Pues nada, que he aprobado el carné esta mañana.

-¡Caramba, pues enhorabuena! Tienes más de un motivo para celebrarlo, con lo complicado que va resultando cada día.

-Gracias.
Bueno, te llamo porque no sé muy bien qué hacer. Te llamo para saber, para conocer, para que me digas qué hago ahora –sus palabras fluyen impulsadas por un entusiasmo adolescente, pero sin atropellarse-. Hace ya bastante tiempo que sigo vuestra página y creo que me he leído todos vuestros artículos.

-Muy bien. Perfecto. Eso es estupendo.

-Ya, pero ahora quiero que me digas qué debo hacer. He visto que el próximo domingo organizáis una ruta con teórica y me gustaría mucho ir.

-Ah –respondo mientras trato de ponerme en situación-. Pero lo de este domingo lo hacemos por los alrededores de Madrid. Yo pienso que lo mejor es que te vayas mentalizando y preparando para venir a uno de nuestros cursos prácticos en Kotarr. El primero será dentro de un mes y medio.

-Ya… Sí –percibo cierta impaciencia en su tono-, pero yo quiero saber si puedo ir a la ruta de este domingo.

Doy por hecho que la perplejidad me elevó las cejas hasta mi flequillo recortado por los años.

-Sí, claro, por poder venir, aún puedes hacerlo: Todavía hay plazas.

-No, ya, pero quiero que me digas si el sábado puedo ir desde Vitoria a Madrid en la moto.
Carraspeo la voz mientras abandono el entusiasmo que me había contagiado para centrarme en una obligada reflexión.

-Verás: Al escucharte, mi pasión por La Moto me empuja a responderte con un impulso tan natural como inconsciente. No debo decirte que sí a bocajarro, como quisiera. No puedo, no te conozco, pero sobre todo no te he visto conducir una moto, ni siquiera tengo la más mínima impresión de cómo te plantas sobre ella. Hay muchas personas que hacen verdaderos prodigios con la moto guardando un flamante carné en la cartera, incluso sin él. De hecho ocurre con algunos pilotos. Sin embargo sé de muchos –una verdadera multitud- para los que, en términos absolutos, resulta una verdadera temeridad tan sólo sacar la moto del garaje.
Debo de ser prudente, siempre conservador. También al escuchar el tono responsable con el que me hablas. Creo que lo más razonable es que esta tarde hagas una prueba…

Me interrumpe.

-No, no. Si es que no me dan el carné provisional hasta el miércoles y no puedo coger la moto hasta el jueves.


-Bueno, pues lo más razonable es que hagas una prueba por la autovía. Tienes que comprobar que manteniendo los 120 de marcador te sientes cómoda y con la relativa seguridad que pueden darte tu pericia y la experiencia de la autoescuela. Si no te sientes segura a esa velocidad, si tienes que ir más despacio, cien, por ejemplo, no vale. Es imprescindible mantener un mínimo de velocidad para no quedar a merced de los coches y sobre todo de los camiones.

-Vale. Entonces el jueves voy hasta Bilbao, que son 55 km de autovía, y pruebo a ver qué tal.

-Perfecto. Pero, por favor, llámame el jueves para saber cómo te ha ido.

Jueves 8 de marzo.

Alcanzaba sobre mi moto la puerta del garaje de mi amigo Pep, que me acompañaba. Sonó el teléfono mientras mantenía el motor en marcha. Volvió a sonar con insistencia hasta que opté por descolgarlo.

-Sí, dígame –sentado en la moto y con el casco MT sobre el depósito.

-Hola, Tomás. Soy Conchi –apenas me dio tiempo a corresponderle el saludo-. Mira: Me ha sido imposible; no he podido salir a probar porque ha estado toda la tarde lloviendo. De todas formas, ayer probé por algunos barrios de Vitoria y me encontré muy bien.

- La verdad es que la ciudad es muy complicada, y la autovía, sobre el papel, parece siempre lo mismo. Con frecuencia resulta incluso monótona. Pero, aun así, no debes fiarte de los coches; es importantísimo tenerles vigilados a través de los espejos.

-Ya. Es que siento unas ganas terribles por ir a vuestra ruta; pero…

Entonces dejé una puntilla para desanimarla definitivamente.

-Yo no puedo decirte nada más. Valóralo tú misma.

-No, si el caso es que me siento perfectamente capaz –afirmó para mi sorpresa-, pero no sé qué hacer.

Estaba claro, necesitaba una última palabra como una breve licencia para lanzarse a la aventura. Un servidor, con todo lo que ha sido y por lo que ha pasado, no iba a ser quien se la negara.

-Pues, si lo ves claro y las previsiones son tan buenas como parecen, no te voy a decir más. Sólo una cosa: Llámame, por favor, cuando llegues a Madrid.

Sábado 10 de marzo.

Ya bien entrada la noche, me llamó para decirme que se había perdido buscando la casa rural que había alquilado en Cercedilla. Finalmente pudo encontrarla y volvió a llamarme para contarme el remate de la primera parte de su aventura. Lo pasó francamente mal, el frío se le echó encima con la oscuridad y me confesó que hubo momentos en los que se hizo Las Grandes Preguntas, las que todos los motoristas nos hemos hecho alguna vez.

Domingo 11 de marzo.

Durante algún momento de la ruta y de la comida, tuve oportunidad de comentar el caso de Conchi, uno a uno, con algunos de sus compañeros, los otros alumnos. La reacción de admirada sorpresa se fue repitiendo con la misma expresión, tan española como contundente:

“Con dos…”.

Terminada la sobremesa, Conchi se levantó para poner rumbo a Vitoria. Me pidió algunas pequeñas explicaciones antes de arrancar y la vi partir bastante más tranquilo que el jueves anterior, cuando supe que finalmente se embarcaba en la aventura; aun así, le pedí que me llamara cuando llegase.


Lo hizo, y me explicó cómo había vuelto a pasarlo mal. Fue de nuevo la noche, pero esta vez protagonizada por el viento y el rebufo de los camiones. Aun así, al día siguiente me escribió este correo que os dejo como un testimonio escrito de cómo La Moto atrapa casi de inmediato al incauto, o incauta que, si quiera por curiosidad, se asoma a su Universo.

Buenos días Tomas, mi cabeza no para de pensar, de darle vueltas a lo que ha sucedido en 24H. No se explicar lo que he hecho y por qué. Tengo 48 años, soy madre, enfermera, podría tener la vida resuelta, y ayer vi mi vida pasar a cada km que iba superando. Pasé autentico miedo, ( me acordaba de ti y respiraba) a cada curva me acordaba de Pep y era como si me fuera guiando,acordarme de mis hijas me ayudaba a no venirme abajo, a continuar,poco a poco, cada vez un poquito mas cerca de casa, y ahora en la calma me sorprendo pensando en mi próximo viaje.

Un abrazo.

Autor: Tomás Pérez

Director de la Escuela MPm